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Por Mai Gervasio y Angelina Siles

coLUMNA

Last Goodbye

(el último adiós)

Duelo: Proceso de adaptación emocional que sigue a cualquier pérdida.

Me despido

Te despido

Nos despido

Hasta acá llegamos.

 

En mi vida he tenido que transitar muchos duelos. Algunos más intensos que otros. Algunos se me escondieron… no los terminé de procesar. En otros me sigo acompañando. Lo que no deja de sorprenderme es la capacidad de reencarnar de las cenizas después de creer que todo lo que tenía sentido en mi vida se terminó.

 

Porque una de las partes más difíciles del duelo es aceptar que físicamente (en este u otros planos) la otra persona no está más. Pero también desaparece todo lo que habíamos creado con esa persona y si hay situaciones de dolor en el medio, discusiones, peleas, desacuerdos; es difícil para la mente y corazón aceptar que lo que yo pensé que era, no era (el cuento bonito que me conté para sobreadaptarme).

 

Y acá no sólo hablo de duelos relacionados con la muerte o de vínculos “amorosos” (sexo-afectivos de ahora en adelante), si no también duelos de personas que se van a vivir al culo del mundo, o amigxs con los que ya no coincidís. Duelos de terminar relaciones tóxicas con familiares o separarse del padre de tus hijxs.

 

Como bien dice la definición al principio del texto - cualquier pérdida - y aceptar la pérdida de algo se siente un poco como una piedrita diminuta en el bocado de comida que acabas de meterte a la boca. Por más que lo busques no lo vas a encontrar, podés seguir masticando con la incomodidad o tragar lo que tenés en la boca en el tamaño que esté. De una o de otra forma hay que aceptar que eso está ahí.

 

A veces los duelos no se sienten tan incómodos, a veces son muy pesados, largos… se sienten interminables. Y otras veces el duelo ya venía siendo elaborado en la mente antes de que el vínculo terminara.

 

A los duelos los paso con un vasito de agua (o vino)

Un poquito de musica ligera (rockera)

Danza, mucho movimiento del cuerpo

Permitiéndome sentir lo que sea que sienta

en el momento en que suceda

y abrazarme con la certeza

de que

todo

pasa.

 

Sospecho que ésta no va a ser la única vez que hablemos de duelos, es una temática que me atraviesa mucho (algo de Plutón y Escorpio por ahí) y que con Angie abordamos con frecuencia. Los duelos marcaron en cierta forma mi 2021. También la posibilidad de cambio que habilitaron.

 

En ese año me tocó despedirme de personas que me parecían indispensables, de lugares que habían sido refugio, de proyectos, de amores… Al principio fue la desolación. Intelectualmente SABÍA que no me iba a morir de dolor, en el cuerpo no estaba tan segura. Hay un primer momento en que sentís que todo se desmorona y ajá ¿dónde hago pie? Ese desasosiego de no saber cómo seguir, de cuestionarte TODO. Ese es el primer punto. En algún momento conseguís llegar a las veinticuatro horas sin llorar y es un gran logro, ya vamos saliendo del pozo.

 

Nos pregunto: ¿Qué duelamos en el duelo? ¿A la persona que se fue? ¿A las ilusiones que nos habíamos hecho con ella? ¿A nosotrxs mismxs? Porque, ya lo dijo mi coautora, hay un mundo que construimos en torno a ese vínculo que de pronto ‘PUF’ y hay que aprender a andar sin ese ser. Que quizás era como ir agarrada a una hiedra venenosa pero era la forma en que sabíamos. Qué vértigo construir(nos) en la incertidumbre. Igual, una vez secadas las lágrimas, con la visión más clara, te das cuenta de que cimientos hay. También hay personas dispuestas a darte la mano para ayudarte a ponerte de pie y cargar los ladrillos.

 

En mi caso, de a poco, con acompañamiento adecuado, pude mirar, aprender y trascender, despedirme (aunque fuese en mensajes que nunca serían enviados) y animarme a vivir sin ellxs. Y me encontré con una versión de mí que, de otra forma, quizás no habría conocido. Sé que hay otros duelos que sigo haciendo, esos que se esconden atrás de la puerta listos para recordarme que soy un ser sintiente, pero me tengo paciencia (casi siempre), esto también va a pasar.

 

Después del dolor quedan los recuerdos. Y aunque a veces extrañe, o me pregunte qué habría pasado si… o incluso llore un poquito, su ausencia ya no pesa. Quizás de eso se traten los duelos.

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