La Moraleja del Mono Manco

Single de M de Maricón

Nota realizada por

Luis Parodi

Foto:  Web

Atentos amigos de oídos inquietos y de incorformismo musical: ha llegado la era del post-cuarteto psycho tropical. ¿O era psycho cuarteto post-tropical? Poco importa a esta altura. Lo importante es que está entre nosotros, y se ha materializado cual peces y vinos multiplicados en la forma de un single. Sí, un single, ese formato por largas décadas olvidado, cautivo de la tiranía del casette primero, y de las ganas de aprovechar toooodo el tiempo que un CD tenía disponible, después. Las mieles de la internet nos traen desde el ostracismo esta cuestión de tener dos caras, dos superficies, muchas veces una surgiendo como un verdadero lado oscuro de la otra.

 

Peeero, en el caso que nos ocupa, no se trata de un single cualquiera. No señor. Se trata nada más y nada menos que del debut sonoro de una banda que tiene como osadía original y primaria el hecho de ostentar un nombre como “M de Maricón”. A partir de ahí, podría parecer que cualquier atrevimiento se quedaría corto. Pero no es así. La falta de pudor continúa desde el título del opus: “La Moraleja del Mono Manco”, y sigue inmediatamente después de darle al play, cuando irrumpe la inigualable simpatía y la incomparable cadencia rítmica del malogrado Fabián Show, una especie de Stevie Ray Vaughan del post-cuarteto, un artista que se nos fue cuando aún tenía mucho para dar. A modo de homenaje, estos Maricones le permiten ser quien abra la puerta al alarido filosofal y primigenio que desata luego la ebullición sónica que la música de los M de Maricón. Fieles a una sonoridad bautizada como vevo-fi, el combo de Villa Páez se despacha con un vaivén de sensaciones, desde la furia del comienzo (comprensible, al ser un mono manco que no puede comer bananas), pasando por el medio tiempo con teclas etéreas, e inmediatamente llegando a la sección post-tropical con la siempre cachenguera presencia del cencerro. A lo largo de todo el track, los alaridos monescos (seguramente parte de la influencia del inmortal Jiménez) le dan marco a la profunda historia, a la vez que la incisiva guitarra y el bajo, que se desdobla por momentos y adopta una múltiple personalidad, generan el anclaje rockero que todo primer tema de un single necesita.

 

Después de un nuevo y breve recuerdo del as del ritmo bellvillense, los maricones nos llevan de un cachetazo a revolcarnos en el agua salada. “Surfer Latin Lover Man” irrumpe con la fuerza con la que una ola irrumpe en las fosas nasales de los veraneantes inexpertos, y nos despliega un panorama que conecta directamente con las dos primeras palabras de su título. Un arranque cercano al surfer-punk (casi como unos Beach Boys enchufados a la trifásica) sin sutilezas ni concesiones le deja lugar, luego de un par de estrofas coreadas con una armonía tribunística a pasajes que quizás el mismísimo Carlos Santana hubiera soñado con componer, si no se hubiera dedicado a chorear con los discos de invitados. No sin antes pasar, claro por alucinatorios pasajes donde la percusión nos lleva de la mano a volar por coloridos paisajes repletos de monos, maricones y surfers latinos con el cabello oxigenado. La canción comienza a despedirse gradualmente, como lo hacen los veranos, cabalgando sobre el lomo de una escala de bajo cuasi jazzística que nos deposita suave y lentamente, otra vez en los reinos del silencio.

 

Es en ese momento cuando uno contempla el excelso arte de tapa que ilustra a esta obra bipartita y logra entrever entre los caracteres orientales que la acompañan una frase que se transforma en certeza: “Felicidades, acaba usted de sobrevivir a la experiencia de M de Maricón”.

 

 

 

 

Luis Parodi

 

 

 

 

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