QUIÉNES?

Por Théophile Tiergau

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Son ya las 2am y me sigo preguntando cómo empezar este escrito. Los conceptos, las ideas  que me escupen los textos, son reveladores. A esta altura del seminario deberían hacerme el camino más fácil para que mi teclado suene a encuentro, de mis yemas y sus teclas y sin embargo no es así. Me cuesta escribir. Y mucho.

Estoy sin un trabajo fijo, apostando mis últimas fichas para por fin recibirme, tengo un proyecto independiente que hasta el momento no me deja vivir de él, pero sí que lo disfruto.  Estoy en una crisis con muchas preguntas y sólo algunas respuestas. Muchos días parecen caóticos, demasiados, la aparente inestabilidad parece comerse todo, y me quejo y sufro y me lleno de fuerzas y vuelvo siempre a intentar creer, porque hay mucho amor que me rodea y me cae la ficha que a pesar de todo, estoy lleno de oportunidades, muchísimas en comparación de otros.

Me vienen a la cabeza imágenes y recuerdos de todos y cada uno de los pibes del Marqués Anexo y sus profes, que fueron a visitarnos. De cómo a algunos les  costó hablar en voz alta, no agachar la mirada y no sentirse raros en un lugar al que no habían ido nunca y que yo hace varios años recorro.

Es inevitable no pensar y sentir impotencia de estar dentro de un sistema inescrupuloso, de un macro mando que se replica en micros estructuras similares que diseñan la vida miserable de mucha gente. Que la definen y remarcan a  diario, con estrategias políticas y comunicativas para nada inocentes y tan simplificadoras en los hechos que aterran; y que son decoradas por palabras vacías de verdad.

Así, sin consideración de oportunidad de vida, están los segregados, ellos, los sitiados en un terreno sin derechos, los llenos de estigmatizaciones de los que cada día los medios se los recordarán al resto, los alejados. Esos que viven en la misma ciudad y que también los rechazan y que a su vez también son rechazados. Porque no lo dije, pero este sistema del que formamos parte todos, funciona por el combustible del rechazo.

Porque son invisibles para un futuro pero visibles para el olvido, para la culpa y el abuso; para los golpes y las balas. También para el maltrato y el señalamiento, para que no puedan comer ni estudiar. Para que sirvan de excusa y justifiquen razones suficientes para que no tengan nada, ni los que ya son viejos y alguna vez fueron jóvenes, ni los recién nacidos que serán jóvenes y ni los jóvenes que no saben que será de ellos.

 

“Pobres los pobres... se quedaron sin constitución,

Pobres los pobres... afiliados a la segregación,

Pobres los pobres... nadie los quiere “

 (Rocko-Banda de rock cordobesa)

 

Sobrevivir así asegura no estar en los planes de nadie, padeciendo con todas las consecuencias sociológicas, económicas y jurídicas que hacen de la informalidad un modo de vida. Y en el medio de todos, los pibes. A los que los medios calcan en forma libre, obviamente ayudando al trazo que define un gobierno a los que considera un estorbo.  Si, esos mismos pibes sobre los que se depositan los miedos que  permiten activar la terrible política de seguridad y el inconsciente empoderamiento policial abusivo y repulsivo.

De esta manera se moldea la vida de los sin vida y se me viene a la cabeza un concepto que se me clavó en la mente y me perturba.

“Nuda vida: para definir la sola existencia de la vida biológica, una vida que carece de los atributos de la humanidad a partir del despojo de la condición de ciudadanos y consumidores de millones de “caídos” del sistema.”

Ya son las 3:30am y ahora ya no sé cómo terminar este escrito, me quedo corto, si, quizás lo mejor sea no terminarlo…

 

 

 

 

 

 

Théophile Tiergau

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